Elementos compartidos de Laguna

domingo 4 de octubre de 2009

Hitler también prefería Madrid a Río

viernes 14 de agosto de 2009

Datos preliminares de la futura Ley de Libertad Religiosa

Recientemente el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, ha dado algunos datos que adelantan la orientación del futuro anteproyecto de reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa. En referencia a las palabras del ministro, he hecho unas declaraciones ante la prensa como responsable de Jóvenes Laicistas de Andalucía Laica.

No es la primera vez que se publican declaraciones mías en calidad de mi cargo en la asociación, pero sí es la primera vez que aparece mi nombre en prensa, dato sin irrelevante, aunque quizá curioso para mi breve biografía.

Mis declaraciones se han publicado en:
He de añadir a estas declaraciones que aunque considero positivos los datos sobre la futura ley, considero que lo que debería hacerse es derogar la ley y aprobar una como la que propone Europa Laica, ya que no debería denominarse "de Libertad Religiosa" sino "de Libertad de Conciencia" además del propio contenido. De los datos anticipados, considero que los colegios concertados también deben quedar sujetos a esta ley, además de que no sólo debe afectar a los edificios del sistema educativo, sino a todos los edificios públicos. En resumen, por el momento todas mis discrepancias, están recogidas en la propuesta de Europa Laica, que es la ley que considero necesaria.

sábado 1 de agosto de 2009

Bienvenidos nuestros jóvenes agnósticos y ateos

ANDRÉS CEPADAS

No sólo el catolicismo, querida Laila, sino también la religiosidad en general pierde peso en España, como quizá lo está perdiendo también en todo el mundo. España está rompiendo con su inercia religiosa histórica y cultural, principalmente católica, y vive una expansión evidente de la indiferencia religiosa, del agnosticismo e incluso del ateísmo confeso. Hasta hace bien poco, era un hecho aislado y casi insólito encontrarse con alguien que se declarara abiertamente ateo o agnóstico, mientras que ahora estas posiciones menudean y han adquirido ya carta de normalidad. Y todo ello a pesar de que, desde el ateísmo y el agnosticismo, prácticamente no ha existido actividad proselitista, sobre todo si se compara con los esfuerzos evangelizadores, enormes y constantes, que se practican, sobre todo, desde las confesiones religiosas cristianas.
Es muy relevante, por ejemplo, el esfuerzo proselitista que los católicos hacen, con el Papa a la cabeza, entre la juventud y de forma muy notable en España, con campañas masivas y a través de la enseñanza religiosa, —incrustada incluso en la enseñanza pública—, de miles de parroquias y de centros religiosos, dedicados a la evangelización y a la catequesis. Sin embargo, el rechazo de la religión o la indiferencia no dejan de avanzar entre nuestra juventud, tal como ha demostrado el Congreso de Sociología de la Religión, celebrado estos días en Santiago de Compostela.
Efectivamente, según estos expertos, el 46% de los jóvenes españoles, entre 15 y 24 años, se declaran ateos, indiferentes o agnósticos. Es más, el porcentaje de jóvenes no creyentes llega al 63% en el País Vasco, al 62% en Cataluña y al 58% en Madrid. Y en Galicia, concretamente, sólo se declaran creyentes el 48% de los jóvenes, incluyendo esta cifra a practicantes y no practicantes, confesándose ateos o agnósticos, por tanto, el 52% de los jóvenes gallegos.
Parece evidente, querida, que esta realidad, nueva y creciente entre nosotros, ha de asumirse y de valorarse como un signo inequívoco de nuestro tiempo.
Para las confesiones religiosas, especialmente para la Iglesia Católica, mayoritaria entre todas ellas, el fenómeno revela un evidente fracaso de su estrategia confesional, proselitista y catequística. A pesar de tener todo el peso de la historia y de la cultura religiosa del país a su favor y de contar con enormes medios y gran poder e influencia, sus principios, dogmas y valores son ampliamente rechazados, cuestionados y producen desafección, sobre todo en las nuevas generaciones. No cabe duda, por otra parte, de que esta situación influye muy positivamente en muchos cristianos, de tanta lucidez como buena fe y buena voluntad, que, con su apertura a los signos de los tiempos, contrapesan la cerrada ceguera de muchos de sus jerarcas.
Para los ateos, agnósticos y practicantes de la libertad de pensamiento el fenómeno resulta esperanzador. Más que nada porque los libera de un control social opresivo e inmoral, que los marginaba cuando no los perseguía, y les hace recuperar su condición de actores normales y libres en una sociedad respetuosa con todas las creencias y todas las aventuras del pensamiento humano. Para unos y otros la situación implica una nueva responsabilidad: la de garantizar la convivencia civil en la libertad de pensamiento y de creencias, propia de una sociedad plural. No es extraño, por tanto, que en la España de hoy coincidan los librepensadores y los cristianos más lúcidos en defender e impulsar un Estado laico, asumiendo los signos más esperanzadores de nuestro tiempo.
Bienvenidos sean pues, querida, nuestros jóvenes ateos y agnós-ticos.
Un beso.
Andrés

viernes 17 de julio de 2009

Laicismo: libertad de pensamiento

Artículo de Juan Antonio Aguilera, miembro de Granada Laica-Andalucía Laica, en respuesta al artículo "Laicismo: El que piensa pierde" de Javier García Rull.



El artículo de Javier García Rull publicado en Ideal el pasado 8 de julio con el título “Laicismo: el que piensa pierde”, es de entrada muy notable porque no menciona el laicismo más que en el título. (Ganas me han dado de enviar yo otro sobre “computación cuántica” o sobre alguna otra rama del frondoso árbol de mi desconocimiento.) Pero vayamos al contenido del artículo. Básicamente es una queja por la falta de libertad de expresión, en nuestra sociedad, de quienes defienden que “la única forma de convivencia conyugal que es verdaderamente de interés social y merecedora de protección jurídica es el matrimonio entre un varón y una mujer”, y me parece entender que también de quienes se oponen al aborto…

Como vemos, menciona posturas muy defendidas por la Iglesia católica, así que podríamos pensar que la Iglesia tiene problemas de libertad de expresión en España. Pues no los soluciona muy mal, porque uno ve cómo se patrocinan pública y reiteradamente esas y otras ideas católicas de muchas maneras: en los diarios y telediarios (donde tenemos muy a menudo a los obispos), en manifestaciones multitudinarias, en extensos programas religiosos en las televisiones públicas, en las tertulias radiofónicas incluso menoscoperas… Además, recordemos que la Iglesia tiene a su merced durante muchas horas, y a lo largo de años, a los niños que asisten a las clases de religión católica. Por otra parte, contamos con un partido político, el PP, que suele adherirse a las tesis de la Iglesia –con lo cual llegan al Parlamento-, y otro, el PSOE, que aunque se adhiera menos o no se adhiera a alguna de esas tesis, no se queda atrás a la hora de ganarse el cielo concediendo privilegios muy terrenales a la Iglesia… incluidos los que tienen que ver con la expresión de sus ideas: llega al extremo de permitir el adoctrinamiento infantil hasta en los centros de enseñanza públicos, como señalaba antes.

¿De qué se queja entonces García Rull? Nos ofrece par de episodios personales de desamparo universitario. En el primero, insinúa (no queda claro) que en un Colegio Mayor de Granada –público por más señas- se le censuró. Si fue así, si hubo censura ideológica, pues muy mal, pero quiero llamar la atención del más que curioso hecho de que, si no me equivoco, hay trece Colegios Mayores en Granada dependientes de la Universidad y sólo uno es público; el resto están ligados, vaya por Dios… a la Iglesia. Me gustaría saber en cuántos (que aunque sean católicos, o precisamente por eso, “los pagamos entre todos” en buena medida) podría alguien “exponer, y por tanto discutir, determinada concepción antropológica y racional de la sexualidad”, a saber, la favorable a una ley del aborto… y a los matrimonios entre homosexuales.

El segundo episodio consistió en que en un acto donde García Rull actuaba como ponente, en una Escuela Universitaria de Granada, un alumno le dijo que era un “peligro social”. No creo que esto limitara mucho la libertad de expresión del ponente, pero los términos empleados le recuerdan la Ley de Peligrosidad Social del franquismo y el estatus de los homosexuales en esa época. Es una comparación digna de aquel chiste: “¡vaya día llevamos, a ti se te muere tu padre, a mí se me pierde el bolígrafo…!” Es muy llamativo que García Rull traiga aquella ley a colación sabiendo que ¡quien más alentaba el trato discriminatorio a los homosexuales era… la Iglesia! Como sigue haciendo ahora. Y reparemos en algo más: García Rull ha sido Fiscal de Protección de Menores en Málaga y hoy es Fiscal de la Audiencia Provincial de Granada; tenemos pues a alguien muy relevante y activo en el ámbito jurídico que, si no lo he entendido mal, es contrario a algunos derechos conquistados por nuestra democracia, como los del aborto y los del matrimonio entre homosexuales… ¿no sería esto lo que le resultara preocupante a aquel alumno?

En definitiva, resulta chocante que García Rull se queje, por esos episodios, de que no se pueden expresar y discutir ideas católicas en la Universidad de Granada, cuando vemos exponer y debatir muy a menudo estas ideas en cursos, charlas y debates en el ámbito universitario. Y, por si hay dudas con la posición de nuestra Universidad respecto a la Iglesia, recordemos que, siendo una Universidad pública, acoge a toda una Escuela Universitaria de Magisterio de titularidad privada; ¿adivinan quién tiene la titularidad?

Volvamos ya al título del artículo de García Rull. Parece colegirse de él que su denuncia sobre los obstáculos para expresar y discutir públicamente sus pensamientos la convierte en una denuncia del laicismo: el laicismo como censor de ciertas ideas (religiosas). ¿Cómo se puede sostener eso? La hipótesis más compasiva es que es por desconocimiento: “el que piensa pierde” es más bien el lema de las ideologías dogmáticas, y en la España reciente la más dañina ha sido el nacionalcatolicismo que aún colea. Por el contrario, el laicismo tiene precisamente como su principal guía la defensa de la libertad de conciencia (y por tanto de pensamiento), que va más allá -porque las incluye- de la libertad religiosa y de la libertad de expresión. Se puede ser laicista y creyente religioso o laicista y ateo… El laicismo no va contra ninguna religión o ideología, sino contra los privilegios públicos de cualquier religión o ideología; y resulta que hoy en España “el que no cree pierde” (el que no cree religiosamente, claro), porque tiene muchos menos privilegios que la mayoría de los que creen. El laicismo lucha para que el Estado no interfiera con las creencias y convicciones de cada cual, para que el Estado proteja el derecho de cada individuo a tenerlas y expresarlas, sin adherirse a ninguna el propio Estado. Un laicista simpatiza con la frase atribuida apócrifamente a Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero me batiría hasta la muerte por tu derecho a decirlo”. (Si además el laicista estuviera dispuesto a batirse… sería un laicista héroe.) No cabe imaginar una verdadera democracia si no es laicista. Por todo ello, invito a García Rull a que, siendo coherente con su deseo de que no pierda quien piense, se deshaga desde hoy de equívocos y se declare él mismo laicista (no hace falta que sea del tipo heroico).

Publicado en Ideal el 17-7-09


Enlace: http://jaamochon.googlepages.com/Laicismo-libertaddepensamiento.htm

domingo 28 de junio de 2009

Lewis Black sobre la evolución